Mª José González 17 junio, 2018

El conocimiento social se refiere al conocimiento respecto a las personas y sus hechos. Es el conocimiento sobre las personas, sobre lo que hacen, pueden y deben hacer y sobre cómo deben comportarse.


El desarrollo del conocimiento social se produce en la infancia y para desarrollarse es preciso que el niño haya adquirido tres condiciones previas: la existencia, la necesidad y la inferencia. La primera de ellas hace referencia a que el niño debe saber que los demás individuos tienen pensamientos; la segunda hace hincapié en la motivación del niño para identificar tales pensamientos, mientras que la última se refiere a la organización de estrategias para averiguarlos. La adquisición de estos tres requisitos indica de qué tipo es el desarrollo sociocognitivo. Por un lado es la evolución de la conciencia y el conocimiento general (existencia) de la enorme variedad de posibles objetos de conocimiento social. Por otra parte, es también el desarrollo de la conciencia (necesidad) de cuando y por qué se puede o debe intentar descifrar esos objetos. Finalmente, es la construcción de un abanico de destrezas cognitivas (inferencia) con las que descifrar esos objetos.


Cuando intentamos hallar en cual de los niveles evolutivos se halla un niño, podemos establecer cuatro tipos de perspectivas, en función de sus respuestas: la perspectiva egocéntrica (3-6 años), la socio-informativa (6-8 años), la auto-reflexiva (8-10 años) y la adopción recíproca de perspectivas. En la primera de ellas el niño se distingue a sí mismo del otro, pero no puede diferenciar los respectivos puntos de vista. En la segunda, el niño no es capaz de juzgar sus acciones desde la perspectiva de otras personas ni tampoco es capaz de considerar que los demás pueden tener en cuenta su punto de vista. No será hasta la tercera fase cuando llegará a comprender que la gente puede pensar o sentir de diferente modo y según su propia escala de valores, lo cual permitirá al niño reflexionar sobre su conducta desde la perspectiva de otros. Por último, se llega a poder inferir todo tipo de pensamientos de una tercera persona.


Para hablar del área del conocimiento sobre los sentimientos hay que remitirse a tres posibilidades de particular interés. La primera de ellas es la “empatía no diferencial”, la cual se caracteriza porque la expresión de los sentimientos de otra persona desencadena, de alguna forma, sentimientos iguales o parecidos en el niño pero sin que esos sentimientos inducidos se acompañen por ningún conocimiento social relevante. La segunda posibilidad es la “inferencia empática o diferencial”, el niño consigue inferir algo sobre el estado emocional de los otros, además de tener él mismo algún tipo de sentimiento asociado a la situación. La última posibilidad nos lleva a la “inferencia no empática”, que consiste en una inferencia sobre los sentimientos de los demás y no va acompañada por ningún sentimiento relevante en el propio niño o tal vez simplemente por ningún sentimiento. Pueden aparecer respuestas afectivas naturales y apropiadas ante los sentimientos de las personas. El niño también aprenderá a controlar y dar forma a su propia expresión afectiva, así como a detectar conductas similares en los demás.


Dentro de las diversas teorías existentes destacan dos. La primera de ellas es la de Harris y Olthof, los cuales proponen la existencia de tres niveles en la percepción de la emoción: : un nivel conductual, un nivel más cognitivo-mentalista y, situado entre ellos, un nivel intermedio, el nivel situacional. El primero de ellos es el relativo a los niños más pequeños, puesto que tienden a concebir las emociones de una forma conductista simple de E-R, es decir, tienden a pensar que si se produce una situación que produce emoción, la reacción emocional resultante seguro que será fácilmente perceptible, ya que no saben que pueden ocultarse los sentimientos. Por el contrario, los niños de más edad tienen una concepción más mentalista o cognitivista, en la que creen que los estados mentales median entre el E que produce la emoción y la R conductual o expresiva de la persona afectada. Esto significa que los niños más mayores perciben que una única situación puede provocar simultáneamente más de una emoción en una misma persona y que una misma situación puede provocar emociones diferentes en personas diferentes.


Estas concepciones diferentes conducen a diferenciar la forma en que los niños pequeños y los de más edad piensan respecto a la identificación, la regulación y los efectos de las emociones.


Por último, mencionar la aportación de Robert Selman, el cual describe cinco niveles evolutivos de toma de perspectiva social y estructura sus progresivas adquisiciones en dos grupos. En el primero de ellos (niveles 0 y 1), resalta el reconocimiento básico por otra parte de los niños pequeños de que las otras personas piensan, perciben o sienten lo mismo que ellos. Posteriormente, también aprenderán que las perspectivas conceptuales de los demás pueden ser diferentes de las propias y que éstas son potencialmente inferibles a partir de sus experiencias perceptivas o de otras pruebas indirectas. El segundo grupo de adquisiciones (niveles 2, 3 y 4), incluye el reconocimiento de que el pensamiento es potencialmente recursivo, es decir, que puede incluir o tomar por objeto otro pensamiento, el cual puede incluir o tomar por objeto otro pensamiento y este a su vez puede incluir simultáneamente otro más,… y así sucesivamente para crear cadenas de inferencia cada vez más extensas y complejas.

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